El porqué de Gris Nómada

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En el año 2010 viajé por primera vez a la caótica Katmandú. El objetivo era desarrollar un pequeño proyecto de ayuda en una asociación local que se ocupaba de niños con diversas discapacidades.

Durante los primeros meses, compaginé el trabajo con los viajes por los pequeños pueblos del valle. Conocí las costumbres, la gastronomía, la arquitectura y aprendí a diferenciar lenguas, religiones y tradiciones.

La curiosidad me llevó a interesarme por algunos oficios, y así encontré el cachemir o “Pashmina”. De la mano de un buen amigo, hoy nuestro principal proveedor, aprendí el proceso de la producción desde el origen.

Me fascinó la manera de trabajar de este pueblo, por el cariño y el respeto que ponen en lo que hacen, por su concepto del tiempo, su falta de prisas y sus sonrisas a pesar de las duras condiciones en las que viven.

La primera compra de cachemir fue el regalo para familiares y amigos en mi regreso a casa. Todo un éxito. Empecé a recibir encargos y me atreví con la seda y la combinación de ambos tejidos en diversos porcentajes.

Poco a poco, he descubierto a través de diferentes formas de tejer, bordar, ensamblar o teñir, un mundo de pequeñas historias, tradiciones y formas de vida. Como el Kantha, de Bengala, una forma de bordar reciclando tejidos usados para convertirlos en bellísimas colchas; alfombras anudadas a mano en Marruecos; el Boro de Japón, otra técnica para reciclar prendas de trabajo o el aguayo de lana de alpaca, tejido por las mujeres del altiplano boliviano para cargar a sus bebés a la espalda.

Todo esto, se lo expliqué a Lydia, (mi Pepito Grillo a ratos, y madre a todas horas) y juntas decidimos poner en marcha Gris Nómada, con poco orden, ninguna estructura pero con mucha pasión y enormes ganas de seguir aprendiendo.

Gris Nómada

Un comentario

  1. WilliamFut
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    I really liked your article post.Much thanks again. Keep writing. Herford

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